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lunes, 29 de agosto de 2011

Si algo no acaba, no se aprecia.

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  -Si algo no acaba, no se aprecia.- Decía mi madre refiriéndose a las vacaciones.
      Pero ahora refiriéndome al amor, cuanta razón tiene mi madre. No aprecias algo hasta que lo pierdes, dicho con otras palabras.
      Siempre se lucha mucho por algo que quieres con todas tus fuerzas y cuando ya lo tienes como que pierde toda la gracia, todo el sentido que antes tenía. Se acaba la ilusión del primer día, las ganas de seguir adelante, todo. Pero ahora lo tienes, ¿y cuándo ya sepas que no lo vas a tener más? Seguramente te darás cuenta de que lo necesitas, de que no puedes vivir sin eso que tanto te ha costado conseguir, aquello por lo que luchaste hasta humillarte.
     “Los sentimientos no dan más que preocupaciones” decía Terry Malloy, el personaje que interpretaba Marlon Brando en La ley del silencio. Pero quién controla los sentimientos, ese cosquilleo que se siente cuando alguien que nos gusta nos besa, esa sensación de emoción cuando un hermano te abraza, ese odio cuando ves a esa otra chica que supuestamente tiene más suerte que tú, esos celos cuando el amor correspondido lo disfrutan personas que no se lo merecen.
     Me he pasado todo un año pidiendo perdón y diciendo que lo sentía, pero, ¿acaso pedir perdón es lo mismo que decir que lo sientes? No, por supuesto que no. Decir que lo sientes no es pedir perdón, simplemente lo veo como una muestra de empatía hacia la otra persona. Le dices que sientes lo que está pasando, no que te perdone lo que pasa.




     Por eso cuando perdemos algo que tal vez no teníamos de las primeras cosas en nuestra lista de prioridades, sentimos un vacío dentro, la falta de algo que antes no era prácticamente necesario y ahora se ha vuelto imprescindible.
     Deberíamos darnos cuenta de lo que valen las cosas antes de comprarlas, pero nos guiamos por los sentimientos. Simplemente porque algo nos guste ya lo deseamos tener sin mirar siquiera la etiqueta que lleva colgando. Damos dinero, tarjetas de crédito, cheques por todo aquello que en una primera impresión nos gustó, pero no sabemos que dentro de X tiempo ese capricho ya no reluce como el primer día y ha dejado de gustarnos como entonces. Luego tomaremos la decisión de devolverlo a la tienda de nuevo. Pero cuando notemos que falta será cuando de verdad lo necesitábamos. Y nos volveremos locos comprando y devolviendo o acumulando en el fondo del armario.





L.


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