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viernes, 10 de diciembre de 2010

Chicago.

19·






• Hay personas que tienen vicios que te ponen de los nervios, como Berni… a Berni le gustaba mascar chicles, no, mascar no, hacer ¡pop!
Bueno un día llego a casa bastante enfadada y esperando un poco de consuelo, y veo a Berni tirado en el sofá bebiendo cerveza y mascando, no mascando no, haciendo ¡pop! Y entonces voy y le digo, vuelve ha hacer ¡pop! Una vez más… y lo hizo, así que cogí la escopeta de la pared y disparé dos tiros de aviso justo en su cabeza.

• Conocí a Ezequiel ara unos dos años, y me dijo que era soltero, los dos congeniamos enseguida, y empezamos a vivir juntos. Se iba a trabajar, y cuando volvía le preparaba una copa y cenábamos. Hasta que lo descubrí. Soltero me dijo, ¿soltero? Y un cuerno, no solo estaba casado, oh no, tenía seis esposas, era un mormón de esos. Esa noche cuando volvió del trabajo le preparé una copa, como siempre, y ya se sabe que hay hombres que no toleran el arsénico.

• Estaba de pie en la cocina, trinchando el pollo en la cocina, pensando tranquilamente en mis cosas cuando irrumpió mi marido Willbour loco de celos. ¡Te has cepillado al lechero! Dijo, estaba desquiciado y no paraba de gritar ¡Te has cepillado al lechero! Y se topó con mi cuchillo… se topó con el diez veces.

•¿Qué hago aquí? Dicen que maté a mi esposo, que le corte la cabeza de un hachazo, pero no lo hice, soy inocente, no puedo creer que el tío Sam diga soy culpable. Dicen que yo lo hice, pero la verdad… 
-Ya, ¿pero lo hiciste?
-No, no. Soy inocente


• Mi hermana Verónica y yo éramos un dúo y mi marido Charlie viajaba con nosotras. Bien, en nuestro último número hacíamos veinte acrobacias seguidas, uno, dos, tres, cuatro, cinco espagats, saltos del águila, mortales, flip-flacs uno detrás del otro. Una noche antes del espectáculo estábamos en el hotel Cicero los tres empinando el codo riéndonos de tonterías, y nos quedamos sin hielo, así salí a por un poco. Cuando vuelvo abro la puerta y veo a Verónica y a Charlie haciendo el 17, el salto del águila. Y me produjo tal conmoción que perdí la cabeza y no recuerdo nada. No fue hasta después cuando me lavaba la sangre de las manos que supe que estaban muertos.

• Quería a Lipschitz más de lo que podía expresar, era un auténtico artista, muy sensible, un pintor. Pero necesitaba encontrarse a si mismo, y salía todas las noches a buscarse y de paso encontró a Ruth, a Gladis, a Rousemary y a Irvin. Podría decirse que rompimos por diferencias artísticas, el se veía vivo y yo le vi muerto.






L.

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