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-Lo siento, ¿está bien?
-Sí, si esta bien, ¿verdad gatito? Pobre animal, pobre animalito sin nombre. Según creo no tengo derecho a darle uno, no me pertenece. Simpatizamos un día al lado del río. No quiero tener nada mío hasta que no encuentre un sitio donde pueda tener todo lo que me gusta. No estoy segura de donde será pero sí el aspecto que tendrá. Será como Tiffany.
-¿Tiffany? ¿Se refiere a la joyería?
-Eso es. Estoy loca por Tiffany. Escuche, ¿conoce usted esos días en los que se ve todo de color rojo?
-¿Color rojo? Querrá decir negro.
-No, se tiene un día negro porque una se engorda o porque ha llovido demasiado, estás triste y nada más. Pero los días rojos son terribles, de repente se tiene miedo y no se sabe por qué. ¿Le ha ocurrido a usted alguna vez?
-Sí.
-Pero cuando me pasa lo único que me va bien es coger un taxi e irme a Tiffany. Me calma enseguida, la tranquilidad y el aspecto lujoso, nada malo me podría ocurrir allí. Si pudiera encontrar un lugar en el que me encontrara ese sosiego que se respira en Tiffany, entonces compraría algunos muebles y bautizaría al gato.
L.
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