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Escribí todos los mensajes uno a uno, dijeran lo de dijesen. Esperé las llamadas durante horas. Me sentí vacía cuando no pude verle. Lloré cuando en nuestras conversaciones faltaba un te quiero. Sufrí cuando tenía que volver a casa después de abrazarle. Sonreí cuando un beso me lanzaba. Me puse nerviosa cada vez que me miraba fijamente a los ojos y sonreía al verme reír. Me emocioné cuando le dije: -Te quiero. Y él respondió: -Y yo. O cuando al despedirse una tarde, se dio la vuelta cuando ya había avanzado unos metros y me lo dijo él a mi.
Hoy las cosas han cambiado. Después de un año, ya nada es igual. Todo se acabó hace ocho meses pero entonces yo sentía lo mismo que aquel día de enero. Este martes, hace un año de ese día.
¿Cómo es posible que las cosas hayan cambiado tanto? ¿Cómo se puede dejar de querer a una persona de ese modo?
Hace tan solo un mes todo volvió a ese día de enero, pero mejor. Las palabras bonitas volvieron en una bocanada de aire, las risas reinaron en el ambiente, y había amor.
Hoy ya no queda nada, pero tampoco me importa. Se que llegará otro día, quizá cerca, quizá lejos del día de hoy, en el que todo volverá a ser como ese día de enero.
Él es así, así de perfectamente complicado, así de incomprensible, así de único.
Supongo que me gustan los retos difíciles. Supongo que quizá este lunes, no solo sea un lunes cualquiera.
L.
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